"...Hoy en día el escritor que quiera combatir la mentira y la ignorancia y quiere decir la verdad debe luchar al menos con cinco dificultades. Precisa coraje para decir la verdad que en todas partes está sofocada. Inteligencia para reconocerla dado que en todas partes está escondida. El arte de tornarla manejable como un arma. Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz. Y finalmente suficiente astucia para difundirla entre ellos..." Bertolt Brech

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20 ago. 2012

Cinco dificultades para decir la verdad


por Bertold Brecht.

Hoy en día el escritor que quiera combatir la mentira y la ignorancia y quiere decir la verdad debe luchar al menos con cinco dificultades. Precisa coraje para decir la verdad que en todas partes está sofocada. Inteligencia para reconocerla dado que en todas partes está escondida. El arte de tornarla manejable como un arma. Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz. Y finalmente suficiente astucia para difundirla entre ellos. Tales dificultades son grandes para quienes escriben bajo el fascismo, pero existen también para los desterrados o prófugos pero son válidas hasta para los que escriben en los países con regímenes de democracia burguesa.


El coraje de escribir la verdad.

Parece hecho obvio que quien escribe, escriba la verdad, es decir, que no la sofoque o la calle, o no diga cosas falsas; que no se pliegue ante los poderosos ni engañe a los débiles. Cierto, es bastante difícil no plegarse ante los poderosos y bastante ventajoso engañar a los débiles. Desagradar a los poseedores, significa renunciar a la propiedad. Renunciar al pago por el trabajo hecho, puede querer decir renunciar al trabajo y rechazar la fama entre los millonarios, significa a menudo rechazar toda fama. Hacerlo requiere valor.

Los tiempos en que la opresión es grande son casi siempre tiempos en que se discurre mucho sobre cosas grandes y trascendentes. Se necesita valor, en tales tiempos, para hablar de cosas pequeñas y mezquinas, como la alimentación y la vivienda de los trabajadores, mientras alrededor se dice que sólo el espíritu de sacrificio cuenta. Cuando se ensalza continuamente a los campesinos, es valiente hablar de máquinas y forrajes a buen precio, capaces de facilitar a aquel elogiado.

Cuando todos los altoparlantes vociferan que es mejor el hombre sin conocimiento ni instrucción, que el instruido, se necesita valor para preguntar: ¿mejor para quién? Cuando se habla de razas perfectas e imperfectas, es valeroso preguntarse si el hambre, la ignorancia y la guerra no producen deformidad.

Asimismo se necesita valor para decir la verdad sobre si mismo. Sobre nosotros mismos; los vencidos. Muchos que son perseguidos, pierden la facultad de reconocer los propios defectos. La persecución parece la más grave injusticia; los perseguidores, ya que persiguen, son los malvados; ellos, los perseguidos, son perseguidos por su bondad. Pero esta bondad fue golpeada, vencida, esposada; luego era bondad débil, defectuosa, insostenible, que no importaba, porque no es lícito admitir como propia de la bondad, la debilidad, como se admite que la lluvia moja. Decir que los buenos fueron vencidos no por buenos, sino por débiles, requiere valor.

La verdad no puede escribirse sino en lucha contra la mentira ni puede expresarse de modo genérico, etéreo, ambiguo. A tal especie, esto es, genérica, elevada, ambigua, pertenece exactamente, la mentira. Hablar de alguien que dijo la verdad, implica que antes algunos, muchos o uno solo, dijeron algo distinto, una mentira o cuestiones genéricas; él en cambio dijo la verdad, esto es, algo práctico, concreto, irrefutable, precisamente lo que se necesitaba.

Poco valor se necesita en cambio para lamentarse, en general de la maldad del mundo, del triunfo de la brutalidad y para sacudir la amenaza que flota sobre el espíritu, cuando se vive en una parte del mundo en que eso aún se permite. Muchos se comportan entonces como si estuvieran bajo el tiro de los cañones, cuando apenas están bajo la vista de los largavistas. Van gritando sus vagas reivindicaciones en el mundo amigo de la gente inocua; demandan, genéricamente la justicia, pero nunca hicieron nada por tenerla y piden genéricamente la libertad, la de obtener parte de aquel botín antes largamente repartido con ellos. Encuentran verdadero sólo aquello que les suena bien. Si la verdad tiene que ver con cifras, con hechos, si es cuestión árida, cuyo hallazgo exige pena y estudio, entonces no les corresponde, nada tiene que los embriague. Sólo exteriormente se comportan como los que dicen la verdad. El mal que sufren es no conocer la verdad.


La inteligencia de reconocer la verdad.

Ya que es difícil reconocer la verdad, que, por doquier sofocan, muchos creen que escribirla o no escribirla es problema de carácter; creen que basta el valor, y olvidan la segunda dificultad: encontrar la verdad. En ningún caso se podrá decir que encontrarla sea fácil.

En primer lugar no es fácil darse cuenta de cual verdad vale la pena decir. Hoy, por ejemplo, ante los ojos del mundo entero, los Estados de gran civilización se sumergen, uno tras otro, en la extrema barbarie y además todos saben que la guerra interna, conducida con lo medios más despiadados, puede, de un día a otro, transformarse en otro exterior reduciendo quizá nuestro continente a montón de escombros. Esta, sin duda, es una verdad; pero naturalmente, existen además otras verdades. También es cierto que las sillas sirven para sentarse, y que la lluvia cae de arriba para abajo. Muchos poetas escriben verdades de esta especie, similares a pintores que cubrieron con naturalezas muertas las paredes de un barco que se hunde. Nuestra primera dificultad, para ellos no existe, a pesar de tener la conciencia en su sitio. Sin dejarse turbar por los adinerados, pero no menos imperturbables para oír los gritos de quienes sufren la violencia, avanzan vendiendo sus imágenes. Lo absurdo de su comportamiento les provoca "profundo" pesimismo, qué venden caro y resultaría más justificado en los otros, frente a tales maestros y tales ventas. Y, es necesario decirlo, no es tan fácil reconocer que las suyas son verdades del tipo de aquellas sobre las sillas y la lluvia; ya que, por lo general suenan bien distinto, como verdades que se refirieran a las cosas importantes; y la creación artística consiste, precisamente, en conferir importancia a una cosa.

Sólo mediante cuidadosa observación se puede reconocer que no dicen sino que la silla es silla y que nadie puede hacer nada si la lluvia cae de arriba para abajo.

Esta gente no sabe encontrar la verdad que vale la pena escribir. Otros al contrario, se ocupan realmente de las tareas más urgentes, no temen a los poderosos y adinerados, ni a la pobreza y no obstante todo, no encuentran la verdad. Les faltan las nociones más necesarias. Están llenos de viejas supersticiones, de prejuicios famosos, cuya feliz formulación se remonta a las más lejanas edades. Para ellos el mundo es demasiado complicado: no conocen los hechos ni ven las relaciones.

Además de la intención se requieren nociones accesibles y métodos que se pueden aprender. Aquellos que en nuestra época escriben informes complicados sobre los grandes cambios deben conocer el materialismo dialéctico, la economía y la historia. Son nociones adquiribles en los libros, mediante enseñanza práctica aun cuando no sea inmediata la aplicación necesaria. Muchas verdades, partes de verdades o situaciones de hecho que llevan a encontrar la verdad, se pueden descubrir con más facilidad. Cuando se busca, es bueno tener método, pero se puede encontrar aun sin método y hasta sin buscar. En esta forma casual quedará, sin embargo casi excluida la posibilidad de interpretar la verdad, de tal manera que los hombres, gracias a tal interpretación, sepan como deben obrar.

La persona que anota sólo pequeños hechos, no está en capacidad de hacer manejables los problemas de este mundo. Pues la verdad tiene ese único fin y ningún otro. Esa persona no está a la altura de escribir la verdad.

Cuando uno está listo para escribir la verdad y es capaz de reconocerla, quedan aun tres dificultades para superar.


El arte de hacer la verdad manejable como arma.

La verdad debe ser dicha para sacar de ella determinadas conclusiones sobre el propio comportamiento. Como ejemplo de verdad que no permite sacar conclusiones, o sólo conclusiones equivocadas, sirve la opinión, largamente difundida, según la cual las condiciones deplorables que reinan en ciertos países provienen de la barbarie. Tales opiniones miran al fascismo, como ola de barbarie, que sumerge ciertos países, como catástrofe natural.

Según esta opinión el fascismo es la nueva tercera fuerza, al lado del capitalismo y del socialismo (y por encima de ellos); por tanto, no sólo el movimiento socialista, sino también el capitalismo, continuarían existiendo sin el fascismo, etcétera. Esta es, evidentemente, una afirmación fascista, una capitulación ante el fascismo. El Fascismo es una fase histórica, en la cual entró el capitalismo y, por lo mismo, es algo viejo y nuevo a la vez. En los países fascistas el capitalismo no existe sino como fascismo y el fascismo no puede ser combatido sino como capitalismo, como la forma más escueta, más descarada, más opresiva y engañosa del capitalismo.

¿Cómo alguien que quisiera combatir el fascismo, podría decir la verdad sobre él si no quiere decir nada contra el capitalismo que lo engendra? ¿Cómo convertir en practicable esta verdad?

Aquellos que están contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, que se lamentan de la barbarie que origina la barbarie, se parecen a los que quieren comer su tajada de ternera, pero no quieren que se mate la ternera. Quieren comerse la ternera pero no quieren ver sangre. Basta que el carnicero se lave las manos antes de llevarse la carne. No están contra las relaciones de propiedad que causan la barbarie, sino sólo contra la barbarie. Protestan contra la barbarie, en países donde existen precisamente las mismas relaciones de propiedad, pero dónde los carniceros aun se lavan las manos antes de servir la carne.

Las acusaciones explícitas contra ciertas medidas criminales pueden ser eficaces durante cierto tiempo, mientras aquéllos que las oyen estén seguros de que medidas similares no serán nunca aplicadas en sus países. Algunos países están en capacidad de mantener sus relaciones de propiedad con medios menos brutales que otros. La democracia presta tales servicios, para los cuales otros necesitan usar la violencia; garantiza la propiedad de los medios de producción. El monopolio de las fábricas, las minas, la tierra, crea en todas partes condiciones bárbaras; sólo que allí son menos visibles. La barbarie se hace evidente tan pronto se precisa la violencia abierta para proteger el monopolio.

Algunos países que no se han visto aun obligados, para salvaguardar estos monopolios, a renunciar también a las garantías formales del Estado constitucional y a cosas agradables como el arte, la filosofía y la literatura, escuchan con particular complacencia a los huéspedes que acusan a su propia patria de haber renunciado a tales comodidades, ya que esto puede ser útil en la guerra que prevén. ¿Reconocen la verdad los que por ejemplo, exigen en voz alta la lucha despiadada contra Alemania: “porque es la verdadera patria del mal en nuestra época, la sucursal del infierno, la morada del anticristo”? Cabe decir que se trata de gente tonta, impotente y nociva. La conclusión de tales discursos banales sería, en realidad, exterminar a Alemania. A todo el país, con todos sus hombres, ya que el gas, cuando mata, no escoge inocentes y culpables.

Las personas superficiales, que no conocen la verdad, se expresan en forma genérica, retórica e imprecisa. Estúpidamente acusan a "los" alemanes, se lamentan "del" mal, y, en el mejor de los casos, el que los escucha no sabe que hacer. ¿Decidir, quizá, no ser alemán? ¿El infierno desaparecería si fuese bueno? También los discursos sobre la barbarie originada por la barbarie, son de la misma especie. Al oírlos, la barbarie viene de la barbarie, y desaparece con la civilización, que viene de la instrucción. Todo ésto se expresa en forma bastante genérica, no en vista de conclusiones sacadas de la acción y en el fondo no se dirige a nadie.

Semejante modo de representar las cosas muestra pocos eslabones de la concatenación causal y presenta ciertas fuerzas motrices como incontrolables. Tal método de interpretar las cosas expresa mucha obscuridad detrás de la cual se encuentran las fuerzas que generan la catástrofe. ¡Un poco de luz y aparecerán hombres en la base de la catástrofe. Ya que vivimos en una época en que el destino del hombre es el hombre!

El fascismo no es catástrofe natural, cuya clave se pueda hallar simplemente en la “naturaleza” del hombre. Pero incluso hasta en las catástrofes naturales se puede hablar en forma digna del hombre, en forma de hacer un llamado a su energía combativa.

Después del gran terremoto que destruyó a Yokohoma, en muchas revistas norteamericanas se veía la extensión de ruinas. Debajo decía: “steel stood" (el acero quedó) y, en realidad, quien veía, sólo las ruinas en la primera hojeada, por estar más atento a la lectura del texto, notaba algunos edificios muy altos que quedaron de pie. Entre todas las posibles maneras de hablar de un terremoto, sin comparación, la más importante es la de los ingenieros que calculando los deslizamientos del terreno, la violencia de las sacudidas, el calor desarrollado, etcétera, llegan a nuevas construcciones antisísmicas.

Quien quiera describir el fascismo y la guerra, las grandes catástrofes naturales que no son catástrofes naturales, puede alcanzar una verdad susceptible de traducirse en la práctica. Debe demostrar que se trata de catástrofes en contra de la enorme masa de los que trabajan sin medios propios de producción, provocadas por los dueños de tales medios de producción.

Cuando se quiere escribir con eficacia la verdad sobre ciertas condiciones terribles, se requiere escribirla de tal manera que se puedan reconocer las causas evitables. Cuando las causas evitables se reconocen, las condiciones deplorables pueden combatirse.


Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz.

Gracias a la secular rutina que rige el comercio de los escritos, en el mercado de las opiniones y de las figuraciones, es decir, gracias al hecho de que el escritor no debía ya cuidarse de vender sus escritos se afirmó en el escritor la convicción de que su cliente o comitente, el mediador, ponía a disposición de todas las personas, sus escritos. Se pensaba: yo hablo y quien me quiera escuchar, me escuchará. En realidad, él hablaba, y quien podía comprarlo, lo escuchaba; sus palabras no eran oídas por todos, y quien las oía, no quería oírlas todas. De ésto se ha hablado con insistencia, aunque no bastante; sólo cabe subrayar que “escribir para alguien”, se cambió por “escribir”.

La verdad no se puede, simplemente escribir, es indispensable escribirla para alguien que sepa usarla. El conocimiento de la verdad es un proceso que escritores y lectores tienen en común. Para decir cosas buenas se necesita saber escuchar bien y oír cosas buenas. La verdad debe ser dicha con medida y oída con medida. Y, para nosotros, que escribimos, es importante saber a quien la decimos y quien la dice.

La verdad sobre ciertas condiciones deplorables debemos decirla a los que bajo tales condiciones sufren más que todos los otros, y de ellos la debemos aprender. No basta hablar a las personas que poseen opinión configurada; es necesario también hablar a las que, dada su situación, convendría conocer dicha opinión. Nuestro auditorio cambia constantemente.

También se puede hablar a los verdugos, cuando no se les paga más por colgar o cuando su profesión se vuelve demasiado peligrosa. Los campesinos bávaros estaban contra cualquier tipo de transformación del orden social, pero cuando la guerra duró demasiado y sus hijos, al volver a casa, no encontraron trabajo en las granjas comenzaron a convertirse en revolucionarios.

Es importante para quienes escriben encontrar el tono justo para decir la verdad. Lo que comúnmente se oye está dicho en el tono débil y lamentoso, de personas incapaces de matar una mosca. Quien lo oye, encontrándose en la miseria, se siente más miserable. Así hablan muchos hombres que tal vez no son nuestros enemigos, sino más bien compañeros de lucha. La verdad es combativa: no sólo combate la mentira, sino a determinadas personas que la propagan.


Astucia para difundirla entre ellos

Hay muchos, orgullosos de tener el valor de decir la verdad, felices de encontrarla, cansados, quizá, del agotador trabajo de darle forma manejable, impacientes por verla en posesión de aquellos cuyos intereses defienden, con quienes no parece necesario utilizar ninguna particular astucia para divulgarla. Así el esfuerzo de su trabajo se desvanece. En todos los tiempos se usó la astucia para difundir la verdad, cuando la sofocaban o desfiguraban.

Confucio falsificó un viejo y patriótico calendario histórico. Sólo sustituyó ciertas palabras. Donde decía: "El soberano de Kun hizo matar al filósofo Wan, por decir esto y aquello". Confucio, en lugar de "matar", ponía “asesinar”. Si decía que el tirano, tal de los tales, cayó víctima de un atentado, pone “ajusticiado”. Con esto, Confucio inició una nueva forma de juzgar la historia.

Los que en nuestros días en lugar de “pueblo" dicen población y en lugar de "suelo" dicen "propiedad territorial”, evitan dar crédito a muchas mentiras; porque despojan las palabras de su marchito misticismo. El término “pueblo" significa cierta unidad e indica intereses comunes; debería, por tanto, usarse, sólo cuando se habla de diversos pueblos, único caso imaginable de comunidad en intereses. La población de un territorio dado tiene intereses diversos, y hasta opuestos, esa es la verdad que se pretende sofocar. También los que dicen "suelo" y hacen visible a las narices y los ojos el campo que describen y hablan de su olor de tierra y su color, favorecen la mentira de los adinerados; porque, en el terreno, la fertilidad no tiene importancia y menos el amor o el cuidado que el hombre le prodiga. Lo importante en verdad es el precio del trigo y el precio del trabajo. Los que obtienen las ganancias de la tierra no son los mismos que sacan los granos, y el olor de tierra que emana de los campos, se ignora en las Bolsas, que huelen a cosas bastante diferentes. "Propiedad territorial" es, al contrario, el término justo; con él es menos fácil confundir.

En donde reina la explotación, el término disciplina debe sustituirse por obediencia, ya que la disciplina, es también posible sin los patrones, por lo mismo, tiene más nobleza que la sumisión. La expresión dignidad humana es mejor que el término honor, así el hombre solo, no puede hacerse desaparecer con tanta facilidad del campo visual. Es conocida la clase de calaña que suele adelantarse a defender el honor de un pueblo; y con cuanta prodigalidad los saciados dispensan honores a quienes los sacian sufriendo hambre.

La astucia de Confucio aun se puede usar hoy. El sustituía los juicios injustos, sobre ciertos acontecimientos nacionales, por otros justos.

El inglés Tomás Moro, en su Utopía, describe un país cuyas condiciones de vida eran justas: (bastante diverso del suyo, pero semejante en muchas cosas. Menos en las condiciones de vida.)
Lenin, amenazado por la policía del Zar, quería describir la opresión y los abusos de la burguesía rusa en la isla de Sajalín. Escribió “Japón” en lugar de “Rusia”, “Corea” en lugar de “Sajalín”, y el escrito no fue prohibido, ya que el Japón era enemigo de Rusia. Muchas cosas que en Alemania no se pueden decir sobre Alemania, son lícitas, cuando se habla de Austria.

Muchas mañas son posibles para eludir la suspicaz vigilancia del Estado

Voltaire combatió la creencia en los milagros de la Iglesia, escribiendo un poema galante sobre la Doncella de Orleans. Describió milagros que sin duda sucedieron para que en el ejército, la corte y entre monjes, Juana permaneciese virgen. Con la elegancia de su estilo, al describir aventuras eróticas, inspiradas en la vida lujosa de los poderosos, inducía a éstos a abandonar la religión, que les proveía de medios para tal vida libertina. Además, consiguió la oportunidad de hacer llegar por vías ilegales sus trabajos, a aquellos a quienes estaban destinados; sus lectores pertenecían a las clases dominantes, pero lo divulgaban y toleraban su difusión, traicionando así a la policía que protegía sus diversiones.

El gran poeta Lucrecio dice de modo explícito que pone gran confianza en la belleza de sus versos, para la difusión del ateísmo epicúreo.

La alta calidad literaria puede, en forma efectiva, constituir la pantalla para ciertos escritos. Pero, a menudo, despierta también sospechas. Este caso se da, por ejemplo, cuando se sirve de la vilipendiada novela policíaca para introducir, como quien no quiere la cosa, la descripción de condiciones deplorables. Descripciones similares justificarían, sin duda, la novela policiaca.

El gran Shakespeare redujo el tono literario, por razones bastante menos importantes cuando, a conciencia, imprimió aquella forma débil e ineficaz al discurso con que la madre de Coriolano afronta al hijo a punto de atacar la ciudad paterna. Ella quería que Coriolano detuviese la marcha de su plan, no a causa de argumentos válidos o de profunda emoción, sino por cierta inercia que lo hacía ceder a una vieja costumbre.

En Shakespeare encontramos también un ejemplo de verdad difundida con astucia, en el discursos de Antonio junto al cadáver de Cesar. Antonio reitera que el asesino Cesar Bruto, es hombre honorable, pero a la vez narra su delito, que describe en forma más eficaz a la usada para describir al reo; el orador se deja vencer por los hechos mismos, dándoles mayor elocuencia que a “si mismo”.

Un poeta egipcio, que vivió hace cuatro mil años, se sirvió de método similar. Era época de grandes luchas de clases. La clase dominante se defendía con gran trabajo de su múltiple adversario (la parte de la población dominada hasta entonces). En el poema, un sabio se presenta en la corte reinante, exhortando a la lucha contra el enemigo interno. Larga e insistentemente, describe el desorden causado por la insurrección de las clases oprimidas. La descripción dice:.

¿No es así? los nobles llenos de dolor, los humildes, de gozo.
Cada ciudad dice: arrojad a los fuertes de nuestro medio.
¿No es así? las oficinas públicas abiertas; los registros tomados. Los esclavos se vuelven amos.
¿No es así? El primogénito de notables no se reconoce; el niño de la señora se convierte en hijo de su esclava.
¿No es así? Los ciudadanos atados a ruedas de molino. Salen los que nunca vieron el día.
¿No es así? Despedazan los cofres de ébano para sacrificios; con la preciosa madera de Sesnem hacen camas.
Mirad, en una hora la residencia sometida.
Mirad, los pobres se enriquecen.
Mirad, el que no tenía pan, ahora posee granero; cuyas provisiones son bienes de otro.
Mirad, cómo beneficia al hombre el alimento.
Mirad, el que no tenía trigo, ahora, posee graneros; los que pedían trigo a los pobres, ahora lo distribuyen.
Mirad, el que no tenía yugo de bueyes, ahora posee manada, el que no tenía buey para arar, posee rebaños.
Mirad, el que no podía construirse un cuarto, posee cuatro paredes. Mirad, los consejeros tratan de refugiarse en los pajares; el que no osaba descansar sobre la muralla, ahora tiene lecho.
Mirad, el que nunca construyó barca para sí, ahora tiene naves, no pertenecen al propietario que va a verlas.
Mirad, los que tenían vestidos, ahora se cubren con harapos; el que nunca tejía para sí, ahora tiene lino finísimo.
El rico duerme sediento; el que antes pedía las gotas de sus vasos, ahora posee cerveza fuerte.
Mirad, el que no sabía nada de música, ahora tiene arpa; el que no cantaba ahora estima la música.
Mirad, el solitario, que dormía sin compañera, ahora encuentra mujer; los que se miraban el rostro en el agua, ahora poseen espejo.
Mirad, los que dirigían los negocios del país, caminan sin encontrar que hacer. A los grandes no les entregan mensajes; el que antes los llevaba, ahora manda a otro.
Mirad, hay cinco hombres, mandados por sus amos. Ahora dicen: caminad; llegamos nosotros.
Es evidente que esta descripción presenta el desorden que parecía deseable a los explotados. Pero sería difícil inculpar al poeta. Su condena del desorden es explícita, aunque no resiste...

En un panfleto, Jonathan Swift para traer el bienestar al país sugeria salar a todos los niños de los pobres y venderlos como carne. Hizo cálculos exactos, que demostraban como se podía economizar, siempre y cuando se prescindiera de escrúpulos. Swift se hacía el tonto. Defendía con mucho celo y precisión cierto modo de pensar que detestaba, aplicándolo en este ejemplo desenmascaraba toda la infamia. Cualquiera podía ser más inteligente que Swift, o al menos más humano, sobre todo los que hasta entonces no consideraban las consecuencias que resultan de ciertas opiniones.

La propaganda para que las personas razonen y piensen por cuenta propia, en cualquier campo que se haga, siempre deberá servir a la causa de los explotados. Esta propaganda es altamente necesaria. Bajo los gobiernos que prodigan abusos, razonar se considera una cosa despreciable

Se juzga vil aquello que resulta útil a los explotados. Asimismo se considera despreciable la ansiedad continua por comer hasta saciarse; se condena el desprecio a los privilegios comprometidos con los opresores del país, donde los pobres aguantan hambre; las dudas ante el líder que lleva a la ruina; la aversión al trabajo que no satisface a quien lo hace; rebelarse contra la imposición del comportamiento demencial; el desinterés por la familia que no sucita interés. Se insulta a los hambrientos por su voracidad, a los que nada tienen que defender por su cobardía, a los que dudan de su opresor por las dudas sobre su propia fuerza, a los que quieren hacerse pagar el trabajo que realizan por su pereza, etcétera.

Bajo regímenes de gobiernos semejantes, pensar, en general, se considera cosa vil, sospechosa, y desacredita. No se enseña a pensar y donde el pensamiento se manifiesta, se persigue. No obstante, siempre hay campos donde se puede señalar, sin peligro, los buenos efectos de la razón; campos donde la dictadura del capital la necesita.

Se puede mostrar, por ejemplo, los éxitos de la razón en el campo de la ciencia militar y la técnica. También para remediar las insuficiencias de la reserva lanar, gracias a la organización y la invención de sustitutos, se necesita la razón. El empeoramiento de los alimentos, el adiestramiento de los jóvenes para la guerra; exigen razón, esto se puede describir. En cambio puede evitarse con astucia la exaltación de la guerra, del impensado fin de tanto esfuerzo cerebral; el razonamiento que deriva de la pregunta: "¿Cuál es el mejor modo de hacer la guerra?", puede llevar a la pregunta: “¿tiene sentido esta guerra?”; y se puede llegar también a la pregunta: “¿cuál es el mejor medio de evitar una guerra sin razón?”.

Cierto, será quizás que en la práctica resulte imposible formular tales preguntas en público. Entonces ¿es imposible disfrutar del modo de pensar dominante que se propaga, es decir, hacerlo util? Al contrario: es posible.

Para que en épocas como la nuestra sea posible la explotación, que permite a la parte de la población (más pequeña) explotar a la otra (más grande), es indispensable una actitud particular de la población, actitud fundamental que debe extenderse a todos los campos.

Un descubrimiento en el campo de la zoología, como el del inglés Darwin puede, de un momento a otro, convertirse en un peligro para los explotadores; no obstante, sólo la Iglesia se ha ocupado de ello, mientras que la policía no se dio cuenta de nada.

En estos últimos años los experimentos de los físicos llevan a ciertas conclusiones en el campo de la lógica, que sin duda representan un serio peligro para toda la serie de dogmas al servicio de la explotación.

Hegel, el filósofo estatal de Prusia, que emprendió difíciles búsquedas en el campo de la lógica, procuró a Marx y Lenin, los clásicos de la revolución proletaria, métodos de incalculable valor.

Las diversas ciencias se desarrollaron con bastante complejidad, pero en forma desigual y el Estado es incapaz de vigilar cada aspecto.

Los precursores de la verdad pueden escoger un campo de batalla relativamente desatendido, inobservado.

Todo depende del hecho de que se enseñe un modo justo de razonar, una forma de razonar que interrogue por cada cuestión y cada acontecimiento, desde su aspecto transitorio y mutable. Los poderosos son muy hostiles a los grandes cambios. Quisieran que todo permaneciera como está, posiblemente durante mil años; ¡que la Luna se detuviese, que el Sol no girase más! Entonces ninguno tendría hambre ni pretendería comer por la tarde.

Después de que ellos disparen, el enemigo no debe poder disparar, su golpe debe ser el último. Considerar las cosas dándoles importancia a su lado transitorio, es buen sistema para reanimar a los explotados.

Mostrar que en cada cosa, en cada estado de cosas, surge y crece una contradicción: también es una condición que necesita ser contrastada a los vencedores.

Parecido modo de razonar (esto es, la dialéctica, la doctrina del ser en devenir) se puede ejercitar en sectores de investigación que, durante un tiempo, escapan a los poderosos adinerados que se imaginan omnipotentes.

Se puede aplicar a la biología y a la química. Pero también describiendo el destino de una familia se puede aplicar, sin dejarlo notar mucho. La relación de cada objeto con muchos otros, que cambian continuamente, es pensamiento peligroso para las tiranías y puede expresarse de muchos modos, sin dar pretexto a la policía. Una descripción minuciosa de todas las circunstancias, todos los procesos en que se encuentra implicado un hombre que abre una tabaquería, puede ser un serio golpe para la dictadura del capital.

Todos los que piensen un poco, encontrarán los porqués. Los gobiernos que conducen a las mayorías humanas a la miseria deben evitar que en la miseria se piense en los gobiernos.

Entonces hablan mucho del destino. El destino -no los gobiernos- es responsable de la miseria. Se arresta a quien trate de descubrir las causas de la miseria, antes de que desenmascare al gobierno. Aún es posible oponerse, en general, a los discursos sobre el destino; se puede mostrar que el hombre hace su destino.

También a esto se puede llegar de diversos modos. Por ejemplo, se puede relatar la historia de una granja, digamos una granja de campesinos islandeses. Todo el pueblo dice que la granja está maldita. Una campesina se tiró en el pozo, un campesino se colgó. Un buen día hay un matrimonio: el hijo del campesino se casa con una muchacha que aporta como dote algunas tierras. Y la maldición desaparece. El pueblo no está de acuerdo al juzgar este feliz acontecimiento. Unos lo atribuyen al excelente carácter del joven campesino; otros, a las tierras que la joven aportó como dote, y que permiten a la granja producir.

Hasta con una poesía que describe un paisaje se puede hacer algo, si se incorporan a la naturaleza las cosas creadas por el hombre.

Es necesaria la astucia para que la verdad se difunda.


Conclusión:

La gran verdad de nuestro siglo (cuyo mero reconocimiento no basta, pero que si no se reconoce impide encontrar otras verdades importantes) es esta: que nuestro continente se hunde en la barbarie, porque la relaciones de propiedad de los medios de producción se mantienen mediante a violencia.

¿De qué serviría un texto valiente, que mostrase la barbarie de las condiciones en las que estamos por caer (lo que es cierto), si de él no se desprenden las razones por las cuales nos encontramos en tales condiciones? Debemos decir que lo hombres son torturados porque no cambian las relaciones de propiedad. Claro, si lo decimos, perdemos muchos amigos, que están contra la tortura, porque creen que las relaciones de propiedad se pueden mantener aun sin ella (lo que es falso).

Debemos decir la verdad sobre las condiciones inhumanas en nuestro país, y decir que se puede hacer todo lo posible para que desaparezcan, o sea, algo que permita cambiar las relaciones de propiedad.

Debemos decirla, sobre todo, a los que sufren más que nadie estas relaciones de propiedad, que tienen el más grande interés en cambiarlas: a los obreros y a quienes se pueden convertir en sus aliados, porque efectivamente no poseen medios de producción, aunque están interesados en las ganancias.

En fin, debemos proceder con astucia

Debemos superar estas cinco dificultades al mismo tiempo, porque no podemos indagar la verdad sobre la sin razón de ciertas condiciones, sin pensar en los que sufren por ese estado de cosas; y mientras -combatiendo cada impulso pusilánime- tratamos de describir las verdaderas relaciones mirando, a los que están preparados para utilizar el conocimiento de ellas, debemos también pensar en ofrecerles la verdad, de tal modo que se convierta en arma en sus manos, y actuar con tanta astucia, que el enemigo no descubra ésta estratagema.

Esta es la astucia que se requiere, cuando se pretende escribir la verdad.

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La guerra psicologica permanente

Las características de la guerra actual, por el control de los mercados y de los recursos naturales no renovables del planeta que implica en todos los casos, el reordenamiento económico, político, social y cultural de grandes regiones del mundo mediante la absoluta supremacía tecnológica, es definida como "guerra de cuarta generación". Sin embargo y a pesar de los eufemismos, la guerra aún consiste en imponer la voluntad propia al adversario, por cualquier medio. El secreto fundamental de la guerra es el secreto, dice el clásico manual militar de operaciones, ¿entonces como operar en un universo en el que todos estamos siendo observados? En escenario en el que las corporaciones están en guerra contra cualquier forma de disidencia que no pueda ser usada en su beneficio, por vía directa o indirecta. En el que el control de los aparatos militares, de gobierno, de legislación y de justicia, responden directamente al control de estas corporaciones . Y en el que cualquiera por banalidad o indiscreción, es capaz de grabar o tomar imágenes o vídeo, de cualquier persona o acontecimiento. Mientras que tres o cuatro compañías controlan todo el tráfico informativo, nuestras preferencias y nuestras conductas son tipificadas y analizadas. Somos espiados todo el tiempo. En un mundo virtual en donde renunciamos a nuestra privacidad casi voluntariamente, alentados por las practicas socialmente instituidas. Por tanto la resistencia necesariamente debe ser global. La guerra actual es sobretodo tecnológica, de control, propaganda y desinformación masiva, es una Guerra Irregular, Asimétrica. Ésta es operada sobre nuestra voluntad mediante la propaganda sistemática y masiva, y repite como siempre lo ha hecho la propaganda de guerra, "tu eres débil", "tu no tienes posibilidades de ganar, ni siquiera tu propia salvación", "tú solo puedes claudicar antes o después", RÍNDETE .

"...En ésta clase de guerra, (<< psicológica permanente, irregular, asimétrica, de cuarta generación >>), no puedes -no debes- medir el éxito del esfuerzo a través del número de puentes destruidos, edificios tumbados, vehículos quemados, o bajo cualquier otro estándar que ha sido utilizado en la guerra regular tradicional. La tarea es destruir la eficacia y la efectividad de los esfuerzos del adversario y su capacidad de utilizar a la población para sus propios fines..."

Curtis E. Lemay

General Estadounidense

El problema del capitalismo serio es similar al de las hadas y los duendes, es decir: nadie ha conseguido pruebas de su existencia salvo en la mitología.